ESP – ENG
Investigación y desarrollo. O lo que también conocemos por sus iniciales como I+D. Así es como desde unos cuantos años llamo a esos días en los que decido perderme con mi bici y mis cacharros de bikepacking en busca de nuevos caminos o enlazar lugares.



Muchas veces los resultados de esos viajes se quedan para mí, otras acaban formando parte de alguna nueva ruta. De igual forma que en el ámbito científico, estas investigaciones a veces salen bien, otras salen mal, y otras requieren de un proceso de maduración:
Ha habido sectores de alguna ruta que simplemente han fluído de forma natural, casi instintiva. Simplemente emergiendo ante tí. Otros días de exploración no han salido tan bien y han acabado en kilómetros caminando para salir del embrollo. En cambio, en algunas ocasiones, el proceso requiere volver una y otra vez, replantear zonas, esperar a que el propio terreno te cuente la historia que quieres hacer llegar a quien la recorra en el futuro. Este último tipo es el que más disfruto, el que más me pone a prueba, y el que más satisfacción provoca al resolver. Por que al final, se trata de un proceso que me permite sentir vivo. El proceso en sí, no solo el resultado en forma de nueva ruta.
Es por ello que estas líneas pretenden ser un homenaje a este formato. A un tipo de viaje que no se centre únicamente en la línea, sino en su gestación. A la incertidumbre, a perderse y a encontrarse. A emocionarse al llegar a un lugar que no esperabas encontrar. O mejor dicho, que soñabas encontrar pero sin imaginar en qué momento se presentaría ante tí.



Considero muy interesante mostrar esta parte, y no solo la ruta cuando ya está terminada, lista para recorrer, con todas las fotos finales y los mapas detallados. El camino hasta ese punto en ocasiones lleva años y muchos kilómetros. Por que me encanta ese sabor en la boca que me dice que tengo que volver, que tengo que seguir enlazando, que tengo que seguir escuchando a esa tierra a ver qué me cuenta.
Hay veces que una zona atrae tu atención sobre el mapa, o te sorprende esa ortofoto con “nada“ en una extensión enorme, otras veces te apoyas en viejas rutas sin mucho uso o conexión, o en aportaciones de bonitas almas locales que conocen cada rincón de su patio de recreo, como ha sucedido en buena parte de este caso, en mis días por las Cuencas Mineras Turolenses.
En definitiva, seguir líneas cuando viajamos es una maravillosa opción si queremos ir a lo seguro, a disfrutar con amigos o familia, o si necesitamos unos días de evasión de nuestras preocupaciones para estar con nosotros mismos, en un ambiente controlado. Pero por otro lado, el magnetismo de crear tu propia línea es innegable también, dándole forma, investigando aquí y allá en diferentes mapas, o simplemente dejándote llevar por tu instinto cuando ya te has subido en la bicicleta.




Alguna foto más…
Suscríbete
Introduce tu email para recibir todas las novedades.





