Overgrowth

(Sobrecrecimiento)

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Hacía años que no pedaleaba por aquí. Hubo una época en la que era un habitual de estas pistas. Todo seguía igual, en esa especie de déjà vu sensorial que recorre todo nuestro cuerpo cuando volvemos a rodar por algún lugar en el que hemos vivido momentos importantes. Todo seguía igual. Todo menos un detalle que me llamó la atención, algo que últimamente estoy percibiendo en bastantes lugares: No dejé de encontrarme con veredas que cruzaban de lado a lado el valle, a veces en paralelo con la propia pista, otras en perpendicular o zigzagueando por las laderas. No hace mucho tiempo no estaban allí.

El número de sendas que recorren nuestros montes ha crecido de forma exponencial en los últimos años. Es cierto que hoy en día el deporte es más accesible, somos muchos más los que hemos descubierto y necesitamos sus beneficios. Sin embargo, no es sólo cuestión de número, ya que incluso en zonas escasamente pobladas, con caminos prácticamente vacíos, vemos ese sobrecrecimiento de nuevos senderos.

Cuando hace ya unos años salté del asfalto a los caminos y al bikepacking, innegablemente comencé a desarrollar una mayor conexión y sensibilidad con la naturaleza que me rodeaba. El tiempo que pasaba completamente integrado en el entorno también me hizo verlo como un tratamiento, como una terapia, como una herramienta de conciencia y concienciación, por supuesto, comenzando por mí mismo. Aquel lema de “Leave No Trace” formó parte de todo mi discurso mental, motivado por la excesiva naturalización en nuestros días de encontrarnos con basura de todo tipo, celulosa, etc. en cualquiera de nuestras salidas al monte. Más tarde llegó la sensibilidad y sensibilización hacia el silencio de los espacios naturales. En definitiva, se trataba de proteger, de ayudar a proteger, aquello que tanta vida nos da. Esos pulmones de las ciudades, esos santuarios, esas islas de vacío en nuestras demográficamente-densas vidas.

Para hacernos una idea de esta situación que comento, propongo un pequeño ejercicio: si cualquiera de nosotros consulta alguna zona familiar en los mapas de calor de alguna plataforma o app de tracking deportivo, ya sea en bici, a pie, o incluso vehículos a motor (no mencionaré ninguna) y lo compara con su recuerdo pre-plataforma de hace 15, 20, 25 años, probablemente identifique gran cantidad de tracks en lugares en los que solo había naturaleza o leves huellas de paso de animales.

No pretendo entrar en las polémicas que en muchas zonas altamente urbanas se están generando por las prohibiciones de determinados usuarios en determinados espacios, creo que ese es otro tema, solo pretendo lanzar algunas reflexiones que nos hagan plantearnos ciertas preguntas.

¿Dónde está la línea roja entre el libre uso o el concepto de “el campo es de todos”, y el posible efecto irreversible en la salud de un ecosistema? ¿En qué punto las autoridades o expertos en conservación podrían decidir que ya es demasiado? A veces me pregunto si realmente soy un exagerado y aún estamos lejos de ese punto, o si ya hace mucho tiempo que lo hemos dejado atrás.

Entiendo que no sería sencillo averiguar de manera objetiva hasta qué punto afecta a un ecosistema ese sobrecrecimiento de senderos. Sería necesario estudiar parámetros como la erosión en la vegetación, la capacidad para retener o drenar el agua de tormentas, o analizar el efecto que podría tener en la estabilidad de la población ciertas especies animales, ya que incluso en algunas ocasiones, las sendas empleadas por la fauna local pueden llegar a servir de base para convertirse en nuevas vías en las que demostrar nuestro performance técnico sobre las dos ruedas. O lo que resulta más preocupante, incluso formar parte del trazado de alguna competición.

¿Realmente podemos justificar ese sobrecrecimiento de trazados con la creciente demanda de naturaleza como individuos sedentarios-activos-urbanos cuando el 90% de los caminos y senderos ya establecidos siguen escasamente transitados?

Habrá mil puntos de vista, mil opiniones, provenientes de miles de realidades distintas, por no hablar, como he mencionado antes, de aquellos ambientes ya caldeados con alguna prohibición o en camino de ella. Considero que es un tema que puede ser delicado, lo sé, pero del que merece la pena hablar, visibilizar, aprender, escuchar, pero nunca intentar esconder y ver qué pasa. Sería el caldo de cultivo perfecto para generar un problema real. Por eso, con estas palabras solo pretendo mostrar uno de esos miles de puntos de vista, el mío, ¿Cuál es el tuyo?


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10 comentarios sobre “Overgrowth

  1. Melon wapo jejeje. Pero me gusta, haciéndonos reflexionar como siempre, creo que depende muchísimo de la zona y la masificación, aqui hay sendas prohibidas y montes intocables, pero también otros abandonados donde las sendas cuesta seguirlas y las pistas ademas de estar en mal estado, siguen ahi de milagro, gracias a algunos vehículos a motor(cuatro gatos) que pasan. Igual habría que centrarse en cuidar lo que hay y salvar lo perdido en vez de crear/destuir nuevos tramos. Seguramente un endurero o alguien de Downhill puro y duro no pensara igual.

    “Leave No Trace”

    Un abrazo!

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  2. Es un melón guapo, como decía el compañero. En Madrid hemos vivido mucho ese debate con el PRUG que ha cerrado (teóricamente) mucha de la sierra de Guadarrama (incluido pistas que salen en el libro del Buen Amor, del arcipreste de Hita, vamos historicas) y con la masificación que es inevitable en unas provincia tan densamente poblada.

    Para mí, el criterio es no abrir nuevas sendas, claro, pero también no cerrar aquellas históricamente existentes.

    mirar los mapas de calor de hace 15 años no valdría porque hace 15 años solo cuatro frikis subíamos rutas a aplicaciones.

    Pero en cambio, los muy detallados mapas del Instituto geográfico del ejercito que son, mayoritariamente de los 74/75 sí son una referencia. De dónde había un sendero y donde nos lo hemos inventado. Si un sendero o pista está en el mapa, ese existía. Los que no estén… No deberían (aunque luego es verdad que la naturaleza cambia, los cursos se mueven y a veces por evitar un arroyo, se crea otro).

    Pero no por puro «deporte».

    Y en eso (abro otro melón, a riesgo de que me caigan los gorrazos) la proliferación de eléctricas ha ayudado mucho. Porque abrir un nuevo sendero o subir por determinado cerro entre el monte, con una pulmonar se convierte en un empujabike epico, y en cambio con una eléctrica puede ser factible. No pretendo criminalizar a las bicis eléctricas, lo que cuenta son las personas, pero es verdad que con una eléctrica, el desaprensivo lo tiene más fácil.

    Y el último daño (y siento decirlo) es la propia publicación de las rutas. Que en muchos casos puede ser positiva, MV es para mí el paradigma de lo que es mejorar un entorno desde el punto de vista humano (ayudar a generar empleo y mantener los pueblos), pero, desde el momento que cuelgas un track en Wikiloc, lo pones a disposición de millones, y entre ellos, habrá buenas personas y malas. Algún amigo mío ha decidido ya no subir sus rutas de senderismo, para evitar que desaprensivos impacten en lugares que merece la pena proteger.

    Difícil equilibrio, el de amar la Naturaleza, sin tocarla y sin ayudar a que los demás la perviertan…

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  3. desire paths, los llaman
    pero la naturaleza no es un jardín

    la pista por la que rodamos tampoco estuvo allí siempre
    incluso quizá enterró un primitivo sendero

    y la carretera por la que llegamos tampoco…
    ni…

    tus observaciones me encantan porque nos hacen reflexionar, más

    un saludo a los caminos

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  4. Buen debate y, bajo mi punto de vista, si existiera más ética y civismo no haría falta tomar ciertas medidas. El problema no es de la naturaleza, sino de los incívicos que no respetan la intimidad y conexión con la misma, ni saben disfrutarlo sin dejar huella o llevándose el avituallamiento que pesa la mitad estando vacío.

    Como parte de se haber nacido y crecido en Barcelona se notado el aumento de población incívica en un parque como Collserola, a día de hoy están limitando los accesos y horarios, cuando era pequeño solía ir de rutas con mi padre y no había prohibición alguna, sin embargo la gente era más cívica y se llevaba consigo sus residuos.

    Me consta que en más parques naturales está pasando algo parecido, como la Sierra Norte de Guadalajara, que también conozco. El problema es la educación y la ética de cada individuo que no respeta como quisiera ser respetado, en la sociedad moderna todo son exigencias y egoísmo. Por suerte aún quedan unos pocos que mantienen la esencia de la cordura y la lógica, lo malo que pagamos por pecadores.

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  5. Buenas, Ernesto!

    Este es un tema que «me encanta» -porque me toca-, y muy difícil de gestionar en mi opinión.

    Yo personalmente lo vivo desde el lado opuesto del tablero, en los suburbios de una ciudad enorme como Madrid, donde los pocos espacios alrededor que quedan para salir a la naturaleza y respirar aire limpio, son sagrados para mí.

    No obstante, en muchos se está prohibiendo el tránsito de bicicletas. Tanto en el pequeño bosque que queda más cerca de mi casa (Valdelatas), como en El Pardo, como en toda la Sierra de Guadarrama, el tránsito por todo sendero o vía que no sea una senda «oficial», con más de 3 metros de anchura, ha quedado prohibido hace unos años. También está prohibido soltar a un perro en estos espacios, debe ir siempre atado con una correa. Queda también prohibido acampar, hacer fuego, y otra serie de prohibiciones que no vienen tanto al caso…

    Por supuesto que entiendo que se deben preservar los espacios naturales, pero a su vez pienso también que, si no puedo hacer uso de un espacio natural, y montar en bici con mi perro mientras él corre libre junto a mí por un bosque… ¿qué vida dejamos para nosotros? ¿Es que estamos condenados -por nosotros mismos- a vivir en el asfalto, el ladrillo y el cemento? Considero que es o al menos debería ser un derecho, como ser vivo, poder pasear o correr por un bosque, es que es lo más íntimo que tenemos naturalmente.

    En mi opinión (que solamente es la mía y no tiene por qué ser la verdad ni mucho menos), hay que ir a un bosque diariamente: con respeto, intentando dejar la mínima huella posible, intentando no hacer más ruido del necesario, recogiendo todos los días algo de basura que vea (aunque no sea mía, siempre digo que la basura es a los humanos lo que los juguetes por el suelo a los niños), y disfrutar la naturaleza.

    Si aparecen nuevos senderos, y estos se han hecho por gente consciente que respeta, la naturaleza se mantendrá sana (aunque no inalterada ni virgen), y, probablemente, alguien en mi ciudad o en otras poblaciones, de los que manejan los presupuestos, entenderá algún día que, si somos capaces de asfaltar cientos de kms de ciudad, quizá también necesitemos máquinas desbrozadoras, o máquinas para rastrillar caminos que están dando paso a riachuelos de agua que agrietan el suelo y lo hacen menos permeable, y empecemos a cuidar activamente nuestros bosques y nuestro campo: siempre me ha resultado ridículo que, para movernos por una ciudad, gastemos ingentes macropresupuestos en asfaltar toda una comarca, pero para poder pasear y disfrutar un bosque, no haya un presupuesto que cuide los senderos, las sendas, y las vías, para marcar las zonas en las que anidan aves o crecen nuevos árboles que necesitan más cuidado.

    Como conclusión, y tras este librazo que he soltado, disculpad, mi conclusión es:
    – Todo el mundo debería tener derecho a ir al bosque.
    – Los espacios naturales deberían estar más vigilados y protegidos (las zonas que sean más sensibles), y para ello habría que dotarles de presupuesto.

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  6. Gracias Ernesto por el «melón» -yo soy mas de sandía-, por tu labor y por tus reflexiones.

    Vivo desde hace un tiempo junto a una zona protegida del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, a 30 minutos escasos de Madrid y de cerca de importantes núcleos urbanos; solo se puede ir en bici -en teoría- por las pistas forestales… Hoy la zona es un laberinto brutal de sendas y trialeras que no paran crecer; hay lugares donde se contabilizan hasta cuatro o cinco trialeras paralelas… La erosión es tremenda.

    Hasta que no logremos que la sociedad recibida una educación ambiental comprometida con la conservación, el respeto y el disfrute de los espacio naturales no veo otra opción que la prohibición y la vigilancia… y aún así el problema persistirá.

    ¡¡“Leave No Trace” amig@s!!

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  7. Algunas de estas cuestiones ya se las planteaba Gary Snyder en su libro «La práctica de lo salvaje» (1990).

    Primero tenemos que ser conscientes de que, queramos o no, formamos parte de un sistema capitalista global que fomenta la expansión y no el equilibrio. Los espacios «salvajes» aunque nos parezcan caóticos tienden al equilibrio, sin embargo lo que llamamos civilización tiende al caos por el hecho de que se premia la expansión por encima del equilibrio.

    Por tanto deberemos que llegar a un acuerdo sobre que conciencia queremos tener de nuestro pasado y futuro medioambiental. Hasta que punto queremos eliminar, mantener o intentar mejorar nuestros ecosistemas.

    Lo de «el campo es para todos» lo compararía con «todas las opiniones son respetables». No todas las opiniones son respetables, lo que es respetable es tu libertad para poder expresar tu opinión, pero si luego esa opinión es racista, beligerante u homófoba, no tengo porque respetarla. Con el campo pasaría lo mismo, el campo (entendido como montañas, ríos, etc.), dentro de que no debería tener prohibiciones genéricas, debería ser accesible sólo para aquellos que se lo ganen con su respeto y cuidado.

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