(Artículo también publicado en Polvu.cc)
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En este artículo lanzo unas cuantas reflexiones sobre los efectos que una prueba de ultradistancia puede tener en la salud física y mental del participante. No tanto desde un punto de vista médico o científico, ya que no soy sanitario, sino desde mi propia experiencia y aprendizaje, con el objetivo de que pueda servir de punto de inicio para que cada uno pueda profundizar en aquellos temas que le sean de interés, acompañado siempre de un profesional.

Cuando hace unas semanas preparaba un pequeño párrafo para el Artículo de Polvu.cc “4, 6, 8 hrs. Descanso y seguridad en ultraciclismo”, se reactivó en mí un tema que siempre me ha inquietado y sobre el que siempre pienso que se trata poco, mucho menos de lo que su importancia merece. En una época en la que florecen las competiciones de ultradistancia por todos los lados, y cuando algunas de ellas (pocas por desgracia) empiezan a plantear el tema del descanso mínimo, creo que es vital profundizar y crear debate sobre los posibles efectos que este tipo de pruebas puede tener en nuestra salud si dejamos volar nuestro ímpetu, y sobre todo, si carecemos de unos conocimientos mínimos de autocuidado.
Suele ser un tema recurrente en las conversaciones que tengo con muchos de los viajeros de todo el mundo que pasan por Teruel, ya que es habitual entre ellos que hayan llegado a Montañas Vacías después de algún coqueteo con la ultradistancia. En muchas de esas conversaciones pongo este ejemplo: ¿Qué pensaríamos si frente a la puerta de nuestra casa pasara una competición de coches o motos cuyos conductores llevaran varios días sin dormir? La comparación da pie a pensar que es un tema bidimensional si hablamos de integridad física, ya que incluye tanto a la del propio participante como a la del resto de usuarios de la vía, donde el tráfico sigue abierto y la vida sigue con toda su normalidad y fragilidad. Pero ese es otro tema, igualmente interesante, que daría para otra larga conversación. En esta ocasión me centraré en la dimensión del participante y su salud.
1000 kilómetros
Doce de la noche, acabo de llegar a mi furgoneta, que había dejado allí aparcada unas cincuenta horas antes. Es 2017, un año en el que en España aún no había estallado la moda del ultraciclismo, pero que en el resto del mundo ya inspiraba a cientos de aficionados con pruebas como la Transcontinental o el Tour Divide. También ese mismo año, y solo unas semanas antes, moría Mike Hall, posiblemente la mayor fuente de inspiración para que yo estuviera esa noche completamente destruido tirado en la cama de mi furgoneta. Su muerte mientras participaba en la Indian Pacific Wheel Race, en Australia, al ser atropellado a las seis de la mañana, fue una mochila que cargué durante aquellas semanas y durante toda aquella brevet de mil kilómetros que acababa de terminar. También fue el principal detonante de que yo, aquella noche decidiera que nunca volvería a hacer algo así.
Fue una de las primeras semillitas para lo que acabaría siendo Montañas Vacías, una respuesta, una muestra de una experiencia diferente, otra forma de vivir la bicicleta, reflejo de lo que también veía explotar fuera de España. Sin embargo, con los años, lo que acabó cruzando los Pirineos con fuerza fue este boom del ultraciclismo que vivimos hoy en día.
Categorías de los efectos sobre la salud
Volviendo a mi estado después de aquella brevet de 1000 kms, pese a que solo fueron poco más de dos días de pedaleo, con sus dos noches, apenas había dormido un par de horas en total. Aquello hizo que me asomara a una versión de mí mismo de la que no estaba especialmente orgulloso, por lo que aquella noche, por mi integridad, decidí guardar esa versión mía en el cajón.
Adormecimientos en varias partes de mi cuerpo, problemas lumbares, cervicales, o una fatiga extrema, fueron algunos de los síntomas. Algunos llegaron a durar incluso meses. Ahora pueden ser un buen punto de partida para establecer una clasificación general de los posibles efectos de estas pruebas en nuestra salud:
- Aspectos estructurales / posturales: Es el daño más evidente. Nuestro chasis sufre por la repetitividad de los gestos y el mantenimiento de una postura forzada. Encontramos sobrecargas lumbares, cervicales, o articulares, rozaduras en puntos de contacto con la bici, o la compresión de nervios que puede hacernos sentir manos dormidas o ardor en los pies.
- Aspectos digestivos / metabólicos: Nuestro cuerpo, bajo estrés, deja de priorizar la digestión. Nos sentimos sin hambre, con náuseas o incapaces de procesar comida, lo que nos lleva a una carencia de energía que la mente intentará compensar simplemente con fuerza de voluntad. Y si aderezamos todo ello con un poco de dieta de gasolinera, con ultraprocesados, azúcar y calorías vacías, el cóctel para tu sistema digestivo puede ser una bomba de relojería.
- Aspectos inmunitarios / endocrinos: Nuestro sistema de defensa se agota. El exceso de cortisol, la hormona del estrés (ya lo sé, dije que no me pondría científico, es solo una pincelada, lo prometo), mantenido durante días provoca que nuestras defensas caigan en picado. Y no siempre vemos el resultado inmediatamente: Al cabo de unos días podemos llegar a pensar que ya nos hemos recuperado porque ya no nos duelen las patas, pero nuestro sistema inmunitario sigue en guerra. Es la razón por la que muchos pillan un resfriado o una gripe 15 días después del final de la prueba.
- Aspectos mentales / cognitivos: La privación de sueño altera la frescura mental, el juicio, la toma de decisiones y en casos extremos, puede incluso provocar alucinaciones, que en estos ambientes a veces se comentan hasta con humor, pero que son un síntoma muy peligroso. Nuestra percepción de la realidad y del riesgo se diluye, y ahí entramos en peligro. Por otro lado, salta por los aires nuestro ciclo luz/oscuridad, lo que se conoce como ritmo circadiano: no solo es la falta de sueño y descanso, estamos «desincronizando» gran cantidad de nuestros sistemas hormonales: digestión, reparación o estados de ánimo se ven afectados.
Es vital entender que todos estos ámbitos están relacionados. Nada es solo postural, o solo digestivo, o solo efecto de la privación del sueño. Veámoslo con un ejemplo: Esa sobrecarga cervical que te está provocando un dolor y un estrés físico mantenido en el cuerpo elevará tu cortisol, que como hemos dicho, es nuestra hormona del estrés. Entrarás en modo supervivencia y tus sistemas digestivo e inmunitario disminuirán sus funciones, básicamente para mantenerte vivo. Empiezas a digerir peor, y encima lo único que has encontrado son helados y refrescos con cafeína en una gasolinera. Te sientan como un tiro, pero percibes que te dan fuelle para unas horas más. Apenas estás durmiendo, con lo que con el paso de los días te das cuenta de que has entrado en piloto automático: solo pedaleas, comes y duermes. Internamente no te sientes del todo mal porque con esa rutina, tus problemas diarios desaparecen (o mejor dicho, se pausan hasta que vuelvas). Con ese cóctel tu frescura mental se va al garete al segundo o tercer día de prueba. Puede ser que lo interpretes como simple falta de sueño, pero todo es mucho más complejo, como ves. Todo está conectado.
Aproximarse a la complejidad de todos estos sistemas del cuerpo puede ser algo más sencillo desde enfoques como la PNIE (psiconeuroinmunoendocrinología), que podemos definir como una disciplina que estudia cómo se comunican todos esos sistemas. Nuestro contexto personal y nuestros pensamientos afectan a nuestras hormonas, y estas al estado de nuestras defensas. No es algo nuevo, sus bases vienen desarrollándose desde hace décadas, pero es quizás últimamente cuando está teniendo más presencia y siendo más accesible. No debemos verla como una nueva medicina sino como una perspectiva más multidisciplinar de la misma. Y de igual forma que en la actualidad, el número de aficionados que cuentan con entrenador o nutricionista ha crecido de forma exponencial respecto a hace solo unos años, no sería tan descabellado que uno de estos profesionales pudiera ayudarte a entender todas esas interrelaciones en tu cuerpo si estás preparando una prueba de ultraciclismo, o por qué no, para hacer un balance general tras una de ellas.
Porque en estas circunstancias, el ejercicio físico, que podemos ver como un estrés controlado que aporta beneficios debido a la adaptación, lo que llamamos hormesis, deja de ser salud. El estrés deja de ser un estímulo para la mejora y se convierte en una mera degradación.
Comprensión del Aspecto Psicológico
Si hablamos de salud y ultraciclismo no debemos dejar de lado la salud mental del deportista, sin embargo, en este punto sería muy interesante verlo desde otra dimensión: no se trata quizás de estudiar los efectos en la salud mental que pueden tener este tipo de pruebas, sino los aspectos psicológicos que nos llevan a afrontarlas. ¿Qué expresan de ti retos de tal magnitud? ¿Cuál es la motivación o necesidades que existen detrás de ellos? Son preguntas que sin duda daría para otro artículo entero sobre el tema.
Reflexión Final
Por mucho que te prepares las noches, nunca podrás competir (lo pongo en cursiva, sí) contra alguien que arrastre trastornos del sueño recurrentes. O por ejemplo: yo mismo, desde niño he convivido con lo que se conoce como colon irritable, y nunca podría competir contra alguien que pueda nutrirse durante varios días a base de gasolineras, sin que eso comprometiera mi integridad digestiva durante unas semanas. La realidad es que el objetivo no debería ser entrenar o preparar una faceta que ya de entrada no es saludable: no querrías esos trastornos del sueño que mencionábamos antes ni mantener a largo plazo los efectos de una dieta de gasolinera.
Por eso opino que una de las mayores dificultades a la hora de planificar una prueba de estas características es saber desconectar el ego y el ímpetu para mantener la cabeza lo suficientemente fría como para decidir por tí mismo donde ubicar esa línea que no deberías cruzar para comprometer tu salud. Porque tenemos que entender que cruzar esa línea no solo implica que puedas quedarte dormido y saltarte un stop, va mucho más allá, se trata de mantener un relativo equilibrio entre todos los sistemas interdependientes que forman tu cuerpo. Un equilibrio que es el único sustrato para una salud a largo plazo.
Por eso, conócete, aprende, porque el objetivo no debería ser conseguir el mayor número de horas seguidas pedaleando, sino que nos queden muchos años por pedalear.

Muy bueno Ernesto, un aporte a la necesaria pedagogía sobre este tema. Rendimiento deportivo a menudo no es fuente de salud, si además metemos en el cóktel privación de sueño es más eviente. Artículos como este ayudan a que seamos conscientes y decidamos mejor.
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