Las montañas vacías se llenan de 48 mujeres

Laura Rincón, @dosruedasdospedales, nos cuenta su experiencia sobre la primera edición de la quedada de @SoyCicloviajera, que tuvo lugar en estas tierras turolenses, acompañada de su inseparable “Pegasus”

 

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Por Laura Rincón:

La primera quedada de Soy Cicloviajera se daba cita en Teruel del 20 al 22 de septiembre. Cuarenta y ocho mujeres, unidas con una misma afición, acudían a esta ciudad olvidada donde se había establecido el punto de partida. Iban a recorrer una parte de la ruta de Montañas Vacías, algo más de 100 km. Algunas habían oído hablar de ello, otras no, pero cuando el fin de semana acabó todas coincidían en una cosa: ¿Cómo es posible que estas montañas estuviesen vacías?

Viernes 20 de septiembre, siete de la tarde. Algunas chicas ya han llegado a Teruel, yo estoy aparcando el coche junto con mis dos compañeras de viaje. Miro alrededor y veo como se acerca un coche con dos bicicletas que tienen ganas de asomarse. Qué nervios. Nos acercamos al albergue en el que nos hospedaremos esa noche, se escucha música de fondo, hay un cartel que reza “Bienvenidas bellas ciclistas”.

 

Así, con esas sensaciones de emoción comenzaba un fin de semana lleno de aventuras. La ruta comenzaba el sábado por la mañana, así que el viernes, las que veníamos de fueran (casi todas) aprovechamos para dar una vuelta por Teruel y hacernos una idea de por qué el lema dice que Teruel no existe. Sin embargo, la sorpresa fue nuestra, al encontrarnos con una ciudad llena de vida, y bonita, muy bonita.

Por la noche no paró de llover, realmente a ninguna nos apetecía empezar el día chipiadas (expresión aragonesa para empapadas). Pero el tiempo estaba de nuestro lado, apenas diez minutos antes de ponernos en marcha las gotas pararon.

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Foto: SoyCicloviajera
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Foto: Laura Rincón

La estación de tren fue el punto de encuentro. La primera cuesta asusta, aunque cuando llegamos arriba, la poca respiración que nos queda después del esfuerzo se nos corta ¡vaya vistas! Poco a poco nos vamos adentrando en la naturaleza y, con ella, en la Vía Verde de los Ojos Negros. Empezamos a sufrir las secuelas de la lluvia, mucho barro que hace que sea muy complicado pedalear obligándonos a bajarnos de la bici. Todas se tiñen de naranja y las que llevamos guardabarros no somos capaces de hacer girar la rueda, pero no pasa nada, tenemos ganas de aventura.

Tras un rato pedaleando nos encontramos con el que será el momento más amargo del viaje, a una de las chicas se le rompe la patilla del cambio, las que disponen de  mayores conocimientos de mecánica le intentan ayudar pero no hay nada que hacer, tiene que volver a Teruel e intentar resolver el problema, pero todas sabemos que va a ser complicado.

El paisaje nos va trasladando a diferentes países, unas dicen que se parece a Italia, otras a Alemania, a Holanda… Ninguna nos creemos que estamos en el norte de España. Nos llama la atención que no nos encontramos a nadie, es maravilloso poder rodar por esos sitios con la bici. Desde luego, es un lugar que pide a gritos ser descubierto, quiere ofrecer al visitante un recuerdo inolvidable. Y paz, mucha paz.

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Foto: SoyCicloviajera
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Foto: SoyCicloviajera

Mientras, la quedada está siendo todo un éxito. Nos vamos conociendo despacio, al ritmo que marcan las bicicletas. Todas han venido con una energía muy positiva, no importa si alguna está más acostumbrada que otra a andar en bicicleta, aquí todas pedaleamos igual, nos reagrupamos constantemente y así cambiamos de compañera de al lado para poder charlar con otra.

Ya va quedando menos, hemos parado a comer en Formiche Alto, un poco más tarde de lo previsto. Pero bueno, viajar en grupo es lo que tiene, es lo que implica compartir esta aventura. Además, cuando viajas en bicicleta no sabes nunca qué es lo que te va a deparar el camino. De repente, el sendero queda cortado por el río, ¿Qué hacemos, cómo pasamos? Una valiente decide dar el primer paso y se lanza a cruzarlo andando, no se yo si es muy buena idea… ha salido empapada. Ahí va la segunda valiente, en bicicleta, firme y con la cabeza bien alta ¡lo ha conseguido! Todas gritamos de alegría. Y así, una a una vamos pasando mientras nos animamos, con este apoyo las adversidades se vuelven pequeñas, no hay nada que parezca imposible.

Quedan tres kilómetros, son las ocho de la tarde, llevamos mucho rato pedaleando y estamos cansadas… Aun así vamos con una energía inexplicable, ¿será el paisaje, será la compañía? No lo sé, pero estamos felices.

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Foto: María Benavent

Montamos la tienda de campaña en un espacio que nos ha cedido un vecino del pueblo, algunas deciden tomar una ducha de agua fría y otras optamos por dejarlo para otro día. Hemos reservado en un restaurante, qué bien nos va a venir descansar y comer comida caliente. Después de una deliciosa cena llega el momento de la rifa solidaria. María, una de las organizadoras, ha propuesto hacer un sorteo y destinar todos los fondos a la Asociación Autismo Teruel, a la que también se destina todo lo recogido con los parches que llevan el logo de MontañasVacías, que se dan a voluntad. Vaya subidón tenemos todas, los premios son recogidos entre risas, gritos y alegría. Unas bailan, otras animan, vitorean… De repente, parece que hoy ninguna ha montado en bicicleta y no tiene la batería casi al mínimo. Qué bonito es compartir estos momentos.

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Foto: Laura Rincón
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Foto: Laura Rincón

A la mañana siguiente tenemos ganas de más. Mientras desayunamos nos explican cómo será la ruta de ese día: los primeros siete kilómetros son un poco más duros, mucha subida y algo de piedra suelta, después mejora la ruta y será casi todo descenso. En algunos momentos empujamos la bici, algún tramo se complica un poco, pero todo se te olvida cuando miras a tu alrededor. Pasamos un pinar y, seguido, inmensas laderas verdes. No importa dónde dirijas tu mirada, a muchos kilómetros a la redonda no hay nada construido. Yo, que vengo de Madrid, estoy sin duda desintoxicando a mis pulmones.

Y después de esa subida, bajamos y bajamos y volvemos a bajar. Hay algún repecho, pero nada que con ganas no se pueda subir. La ruta se está acabando, los últimos cinco kilómetros son los mismos que hicimos el día anterior. Y llegamos a Teruel, estamos felices, parece que llevamos dos semanas juntas y que nos conocemos desde hace mucho tiempo. Cómo me gustan esas sensaciones, conectar con personas así, tan rápido, tan fácil, tan bien.

Las primeras se  empiezan a ir, alguna lágrima soltamos. Ha sido muy bonito juntar a 48 desconocidas para recorrer estas MontañasVacías.

Laura Rincón Sanz

BIO

Laura Rincón es economista y periodista, y en su tiempo libre, cicloviajera. Ha recorrido el sudeste asiático en solitario (Tailandia, Laos y Camboya) y le han acompañado en otras aventuras, como cruzar Europa (de Letonia a Bélgica), Portugal… Ahora, puede añadir a su lista un fin de semana por Montañas Vacías. Le podéis encontrar en Instagram hablando de viajes en bici a través de @dosruedasdospedales.


 

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