PARALLEL: MÁS ALLÁ DE MONTAÑASVACÍAS

Traducción al castellano del artículo publicado originariamente en Bikepacking.com: PARALLEL: RIDING BEYOND MONTAÑASVACÍAS


Mediados de septiembre. Las calles de Pozondón van poco a poco volviendo a la normalidad. Sus pobladores estivales retornan a sus vidas urbanas tras el anómalo bullicio de los meses de verano. Yo llevaba un rato comiendo algo en la plaza del pueblo y empezaba a percibir que una pregunta se repetía entre los pocos que quedaban: 

“¿Cuándo te vas?” Sonaba como una puñalada de tristeza y resignación. “Esta tarde…”, “Pasado mañana…”. Como si en unos días no fuera a quedar nadie allí.

“Y qué… ¿a cuidar a los nietos?”

Miá, es lo que toca…” Más resignación aún en la respuesta.

Los mismos que tuvieron que irse hace 40 años ahora no pueden volver, una vez jubilados, anclados en sus ciudades a esa nueva jornada laboral de apoyo a sus hijos y nietos. Hijos y nietos que cada vez pisan menos el pueblo. 

La escena se repitió demasiadas veces en el mismo viaje.

UN PASO MÁS ALLÁ

En realidad era la época y circunstancias que buscaba para hacer este viaje, fuera de ese maquillaje que ofrecen los meses veraniegos. Desde hacía unos meses venía buscando un recorrido que, saliendo desde casa, me motivara lo suficiente, pero que también me hiciera salir de la zona de confort. Tras unos años echando una mano a los viajeros que vienen a conocer Montañas Vacías, y siendo mi patio de juego habitual, salir de esa zona de confort implicaba ir un paso más allá.

Un paso más allá. Sí. Así surgió la idea: ¿Por qué no rodear la ruta de MontañasVacías siguiendo una línea paralela por el exterior? Una línea que uniera zonas que tuve que dejar fuera de la ruta original o rincones aún por descubrir, en los que tuviera que improvisar sobre la marcha. Me encantaba.

El recorrido cumplía los requisitos a la perfección, suponía una experiencia completamente diferente a la ruta oficial pedaleando solo a 10 o 20 kilómetros de ella. Probablemente no me cruzara con muchos ciclistas, y probablemente, pese a estar tan cerca, nadie habría oído hablar de MV (ambas resultaron ser ciertas a la postre). Ha sido curioso comprobar cómo tan solo variando la línea un poco se puede obtener una experiencia tan  diferente. Y si nos alejáramos otros tantos kilómetros más, con total seguridad obtendríamos otro recorrido igualmente espectacular. 

Creo que esa libertad es una de los aspectos más interesantes de este tipo de viajes. A veces puede que busques seguir una ruta establecida, pero otras, simplemente puedes tomarla de referencia para elegir tu propio camino y explorar nuevas opciones, lo que hace que las combinaciones sean ilimitadas. Se pueden entender como viajes distintos, o como una evolución en nuestro camino. Diferentes fases en un aprendizaje. Puede que como primera experiencia en bikepacking prefiramos seguir una línea trazada, y a medida que evolucionamos, nuestra propia experiencia nos pida ir un poco más allá. Lo mismo puede suceder con la compañía. Muchos viajeros me comentan que no se atreverían a viajar solos, o a dormir bajo las estrellas. Todo ha de ser parte de un proceso, de un aprendizaje que nos haga sentir cómodos en esa evolución, dentro de la incomodidad inherente de ir dando pasitos fuera de nuestra zona de confort.

Este año, en mi caso, una voz dentro de mí pedía plantear un viaje en solitario, crear un espacio para la reflexión, unos días de terapia. Los últimos meses han ido surgiendo ciertos sentimientos que necesitaban ser masticados y digeridos acerca de nuestra forma de viajar y lo que realmente buscamos cuando lo hacemos.

¿Qué nos mueve a cruzar el planeta en avión a la búsqueda de lugares remotos y por lo general frágiles medioambientalmente hablando?

¿Qué efecto tienen esos viajes en esos lugares que pretendemos proteger?

¿Está realmente en nuestras manos cambiar algo?

HUELLA

El aventurero Británico Alastair Humphreys define en uno de sus libros las etapas de su proceso de cambio en este tema de una forma muy interesante.

El punto de partida es obviamente el desconocimiento de los efectos reales de los desplazamientos por aire. Le sigue esa cierta incredulidad o negación de ese hecho, a pesar de tener ya conocimiento de esos efectos. Ese es el punto de: “Bueno… que yo vuele o no no se va a notar tanto”. Considera la siguiente fase como la del sentimiento de culpa, que es el paso previo a plantearte el paso a la acción, momento en el que empiezas a reducir el número de vuelos. Compensar la huella de carbono, por ejemplo, con la realización de donaciones por cada viaje a asociaciones ambientales por ese importe o saldo de carbono puede ser una vuelta de tuerca más, y como última etapa, la divulgación y generación de debate entre la gente que te rodea. 

Está claro, como él mismo afirma, que es muy fácil llegar a esas conclusiones cuando ya has viajado por todo el mundo, y no cuando estás planeando ese viaje soñado durante años. Acepta esa parte de culpa, sí, pero eso no es excusa para que no nos planteemos estas cuestiones. 

Que esa semilla del mero conocimiento haga que avancemos una o dos etapas en ese proceso de cambio, solo con eso, ya mereció la pena.

Que llevemos a cabo pequeñas acciones como optar cada vez más por viajes de proximidad, o que nos replanteemos la duración de los mismos. Si en lugar de volar varias veces al año solo para un fin de semana, aprovechando esos precios irrisorios de los billetes (pero ese… ese es otro tema…), lo hacemos para un solo viaje de dos o tres semanas, estaremos reduciendo el impacto general en gran medida.

Tal vez lo más importante es que cada vez más gente nos hagamos estas preguntas.

Para los que amamos viajar en bici, es innegable el magnetismo de la búsqueda de nuevos horizontes, nuevos paisajes, nuevas culturas, pero no debemos negar tampoco el magnetismo de esa exploración cercana, mucho más profunda, a un nivel de detalle mucho mayor que la anterior, que realza nuestro sentimiento de pertenencia hacia los lugares en los que vivimos.

De hecho, los dos formatos son perfectamente compatibles. El equilibrio debería ser la clave. Sin embargo, sentí que no podía calmar del todo ese choque de conceptos e ideas. Estaba claro: mi mente tenía mucho material que rumiar a lo largo de mis días de viaje.

PROCESO

Volviendo a la ruta en sí, mi lista mental de lugares que quería incluir en esa “línea paralela” estaba bastante completa, la verdad, y como en otras ocasiones, solo había que ubicar ese amasijo de puntos y líneas sobre un mapa para que comenzara la fiesta.

Me hacía especial ilusión seguir incluyendo en mis rutas algunos de los pueblos citados en un libro que tanto me ha inspirado a profundizar en mi propia tierra: Los Últimos, de Paco Cerdà. Lugares como Motos, Arroyo Cerezo o Sesga. Pedalear por sus calles me hacía recordar las palabras del autor que se refería a alguno de estos lugares como “ese no-lugar en un no-tiempo, esa encrucijada geográfica y mental alejada de toda coordenada conocida”.

Del mismo modo era imprescindible pasar por un pueblo que se ha convertido en icono de la resistencia contra la despoblación, aunque a sus dos últimos pobladores no les agrade demasiado ese cargo, La Estrella. Sinforosa y Martín, de 88 y 87 años de edad respectivamente, se resisten a abandonar las calles de este lugar duro y de difícil acceso. El propio Martín me comentaba que intentaba convencer a su mujer para no pasar allí otro duro invierno, a lo que ella sinceramente contestaba: “Si me voy, me muero”.

Han aparecido en  muchas entrevistas, muchas veces han contado su historia, e incluso muchos políticos, demasiados según ellos, han pasado por allí. Yo tengo sentimientos encontrados al conocerlos. La fuerza del icono que representan es enorme, pero también siento que en cierto modo, ellos prefieren estar tranquilos. Puede que el punto de equilibrio no sea fácil de ubicar, ellos son solo dos de tantos “últimos” que pueblan esos agonizantes pueblos del interior de España, y ya que es complejo encontrar una solución para ellos, que al menos tengan nuestro respeto.

Unos cuantos puntos clave más completaban ese listado mental mío, ese juego de unir puntos hasta dar forma a una figura final. Como por ejemplo el brutal cruce del río Tajo a través del precioso puente de Tagüenza, uno de los pocos puntos para cruzar el río que había por esa zona y en el que finalmente tuve que portear la bici durante varios kms tanto para llegar a él como para salir de la profunda garganta en el que se encuentra escondido.

O las curiosas formaciones geológicas de las Torcas, en Cuenca, enormes depresiones o dolinas completamente circulares formadas por el hundimiento del suelo debido a la acción del agua. Un lugar precioso en el que perderse pedaleando de una dolina a otra.

Para enlazar todos esos puntos, contaba con el impresionante entramado de miles de km de pistas forestales y agrícolas, seña de identidad de esta zona, un recurso no siempre valorado como merece por los de aquí, pero que siempre llama la atención de los que vienen a visitarnos de otros lugares del mundo.

Algunos de esos enlaces eran conocidos, debían estar dentro de este periplo, como las evocadoras pistas en los alrededores de Puertomingalvo, Mosqueruela, o la Base Militar abandonada de El Toro.

Otras muchas por descubrir, en las que me dejaría llevar, explorando sobre la marcha las distintas alternativas hasta cerrar el bucle. Acertando a veces, equivocándome otras. Con preciosos descubrimientos, pero también con unos cuantos tramos de porteo, debidos en gran medida a que las últimas tormentas, las más fuertes de los últimos años, habían borrado del mapa algunos tramos.

Creo que unas cuantas veces a lo largo del recorrido tuve más que palabras con ese “otro yo” que elegía los caminos a seguir. Es una de las cosas divertidas de diseñar tus propias rutas, sin seguir un track ya establecido, esa carcajada cuando piensas el típico: “¡Quién habrá diseñado esto!”. Eso sí, siempre y sin ninguna duda, pese a todos los “highs”, y a todos los “lows”, cada día siempre terminaba con ese sabor de boca de estar haciendo algo que de verdad me llenaba, completamente sumergido en el aquí, y en el ahora.

LA SUMA DE LAS PARTES

Precisamente en ese momento, al finalizar el día, desde la calidez de la tienda y el saco de dormir, es cuando haces balance de sentimientos, cuando todos los momentos vividos encajan como un puzzle y dan sentido a cada día. Por ese motivo, a medida que pasaban los días y jugaba con las piezas de ese puzzle comenzaba a tener claro que esta vez no publicaría el track de esta ruta, como en otras ocasiones. Creo que podría ser interesante inspirar un estilo de aventura más amplio. Muchos han sido los que ya han descubierto y pedaleado MontañasVacías, una ruta en la que todo está más claro, con un recorrido fijo y mucha información de lo que nos vamos a encontrar. Eso está ahí y contiene todo lo necesario para que nos decidamos a dar el salto a un viaje de este estilo, pero también puede resultar curioso que podamos llegar a ver esta u otras rutas como solo el principio, como la puerta de entrada a una exploración más profunda de una zona. Disfrutando también del trabajo de investigación, de planificación, del trazado de rutas, pero también de equivocarse en el terreno, o de sorprenderte con algo que no esperabas encontrar.

En definitiva, nos hace sentir el viaje de una forma más plena.

En mi caso, además, ese sentimiento de plenitud fue total al haber iniciado mi aventura desde la puerta de casa, lo que convierte la experiencia en todo un homenaje a la proximidad, a la cercanía, pero también un homenaje a esta tierra infinita, a estos sistemas montañosos del interior de España que me vieron nacer, y que son el campo de juego perfecto para la exploración para una vida entera, pero también para la búsqueda de uno mismo… ¿No es esa en realidad la finalidad máxima cuando viajamos?

LOS ÚLTIMOS

De alguna manera, podría decirse que envidio a Sinforosa y Martín por esa seguridad, por esa claridad de objetivos. Para ellos, resistir en su pueblo mientras les quede un hilo de vida. “Todo lo que necesito está aquí”, me dice Martín. Lo tiene claro. 

Sinforosa echa de comer a los gatos, “No va a llover”, dice en voz baja mirando al cielo, y caminando muy despacio, paso a paso, se recoge en su casa. Miro al cielo yo también, veo que efectivamente al final no va a llover, y continúo mi camino para aprovechar las últimas horas de luz del día.

10 comentarios sobre “PARALLEL: MÁS ALLÁ DE MONTAÑASVACÍAS

  1. Ernesto, gracias por este mail, por tus reflexiones y la vuelta que das a la forma de viajar y de relacionarnos con la naturaleza.

    Gracias por compartirlas, con los demás, conmigo. Un abrazo Ivica

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  2. Un abrazo, Ernesto. Yo soy asiduo a Ciclismo Sin Prisa, pero no había mirado más que de pasada tu página y tu proyecto… sin profundizar. Cosas de las prisas… paradójicamente.
    Estos días me he adentrado de lleno en conocer este proyecto, que cada vez me está emocionando más. He visto videos… los de Sergio, que son buenísimos, y nos estamos ilusionando con esto… mi pareja, Isabel, me dice que podríamos hacer las Montañas Vacías en semana santa… bueno… puede ser que si, que nos lancemos a hacerla. Nosotros vamos en tándem… y hemos hecho muy poco cicloturismo… a penas alguna ruta de 3 días… el Quijote, el Algarve… y alguna por Cádiz, de 2 días. La verdad es que la forma que tienes de contar las cosas y el punto de vista que sacas de todo esto, es crucial para motivar a muchas personas a lanzarse. Muchas gracias. Esta de buscar un paralelo… me ha sorprendido bastante por todo.
    Seguiremos en contacto. Gracias.

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    1. Un abrazo muy fuerte a tí, Francisco.. Mil gracias por tus palabras, de verdad.. Siempre digo que todo esto lo montamos entre todos gracias al feedback que recibo de todos vosotros, nada más!! Ya sabes.. para cualquier cosa que puedas necesitar, ya sabes cómo encontrarmeeeeee!!!!! Un abrazoteeeee!!!

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