One Frame, two Journeys

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Siempre es un honor contar con editores amigos en este espacio. En esta ocasión, Luisa Vinueza comparte con nosotros sus reflexiones sobre sus días en Montañas Vacías el pasado otoño. Todo ello aderezado con las espectaculares e inconfundibles fotos de Nacho Pellejero. Espero que disfrutéis de su crónica tanto como yo lo he hecho.

Artículo y video también disponible en bikepacking.com

Texto de Luisa Vinueza, @luisavinuezaa
Fotos de Nacho Pellejero, @natxop

A veces, las cosas más significativas ocurren en silencio.

No en la ausencia de sonido, sino en ese tipo de silencio que poco a poco va llenando tus sentidos cuando te mueves por un lugar al ritmo de una bicicleta. Ese en el que empiezas a notar el viento rozando los pinos, el olor de la tierra húmeda después de una pequeña tormenta, o el sonido de las piedras golpeando la bici mientras bajas por el sendero.

Ese silencio es lo que define Montañas Vacías.

Ubicada en el interior de España, esta región es conocida a menudo como la Laponia Española, no por la nieve, sino por lo vacía que está.
La densidad de población aquí es de las más bajas de Europa. Valles enteros apenas tienen unos pocos habitantes. Algunos pueblos se van apagando lentamente, otros resisten en silencio.
Y aun así, el paisaje se siente increíblemente vivo.

El proyecto nació como una forma de dar visibilidad a la región y a las personas que aún viven allí, ofreciendo a los ciclistas la oportunidad de descubrir uno de los rincones más salvajes de España.

Para nosotros, se convirtió en algo más personal.

Ocho días.
517 kilómetros.
Más de 10.900 metros de desnivel.
Dos ciclistas.
Una ruta.
Pero dos viajes muy diferentes.

SALIDA DE TERUEL

Salimos de Teruel ya tarde, lo que significó que mis primeros kilómetros fueron en la oscuridad. Era mi primer viaje largo de bikepacking y, sinceramente, estaba aterrada.

Pero sabía que era algo que realmente quería hacer. Y a veces la única forma de superar el miedo es enfrentarlo.

Dos ciclistas, dos perspectivas

El bikepacking lleva años formando parte de la vida de Nacho. Ultra distancia, rutas remotas, días largos sobre la bici, ese es su mundo.

Para él, el ritmo de pedalear día tras día resulta familiar, casi natural.

Para mí, en cambio, era un mundo completamente nuevo.

Ese contraste se convirtió en una de las partes más interesantes del viaje.

Rodar con alguien que se mueve con tanta confianza en este entorno me hizo creer que quizá yo también podía hacerlo. Iba justo detrás de él. Observaba cómo se movía por el terreno, cómo elegía el ritmo, cómo leía el camino, cómo tomaba decisiones.

A veces sentía que estaba entrando en el mundo de otra persona.
Pero poco a poco, kilómetro a kilómetro, empezó a sentirse como el mío.

Rodábamos con las mismas bicicletas, Chiru Highlander diseñadas para aventuras largas, pero lo que vivíamos por dentro no podía ser más diferente.

Y eso es exactamente lo que intenta capturar el film “One Frame / Two Journeys: la posibilidad de viajar de otra manera, más despacio, en silencio y más presentes.

Aprender a prestar atención

En algún momento de esos primeros días, algo cambió dentro de mí.
El bikepacking tiene una forma de simplificarlo todo. Tu mundo se vuelve más pequeño, más esencial. Lo importante pasa a ser inmediato y físico: la siguiente subida, el tiempo, el agua, la comida, dónde vas a dormir esa noche.
Y con esa simplicidad llega la atención.

Siempre he sabido que paso demasiado tiempo dentro de mi cabeza. Pienso mucho, me preocupo mucho, planifico demasiado, imagino cosas que ni siquiera han pasado. Pero encima de la bici, rodeada de silencio, me di cuenta de que podía elegir algo distinto.

Así que empecé a centrarme en los sentidos.
En lo que podía oler.
En lo que podía escuchar.
En lo que tenía delante.

El silencio real es algo que casi nunca experimentamos hoy en día. Nuestras vidas están llenas de ruido, información y estímulos constantes.

En Montañas Vacías, ese silencio vuelve. Al principio resulta extraño, incluso incómodo. Pero con el tiempo se transforma en otra cosa, algo calmado, algo que te devuelve suavemente al presente, a ti.

El ritmo de las montañas

Por el camino nos encontramos con personas que todavía viven en estas montañas, pastores, agricultores, gente que mantiene viva la región en silencio.

Lugares como este caminan sobre una línea delicada. Merecen ser vistos y valorados, pero no invadidos.

Rutas como Montañas Vacías ofrecen una forma de experimentarlas despacio y con respeto.

Lo que más me sorprendió del viaje fue la cantidad de emociones que pueden convivir en una sola experiencia.

Gratitud. Conexión. Miedo. Alegría. Nostalgia. Admiración por el paisaje y por la gente que vive en él.
Y algo que no esperaba: una confianza creciente en mí misma.

Cada subida, cada día largo sobre la bici, me recordaba en silencio que era capaz de mucho más de lo que imaginaba.

Dormir en el silencio

La mayoría de las noches dormimos fuera, a veces en pequeños refugios de montaña, otras montando la tienda en algún punto del recorrido.

Algo que me sorprendió fue lo bien cuidados que están muchos de estos refugios. Pequeños, sencillos, pero mantenidos con cariño. Lugares pensados para descansar después de días largos. Se sentían como un recordatorio silencioso de que todavía hay gente que cuida profundamente estos paisajes. Ojalá quienes pasen por allí los respeten igual, para que sigan existiendo para los que vengan después.

Dormir en lugares remotos era algo nuevo para mí. La oscuridad, el bosque, la sensación de que podía haber animales cerca hacían que las primeras noches fueran algo inquietantes.

Una noche montamos la tienda sin saber muy bien dónde estábamos. Ya era de noche y decidimos que era buen sitio para parar. A la mañana siguiente, al abrir la tienda, descubrimos que habíamos acampado justo al lado de un mirador. Tuvimos un amanecer increíble.

Son momentos imposibles de planear, simplemente ocurren cuando viajas así.

Y también te recuerdan lo importante que es cuidar estos lugares: respetar a los animales, no dejar rastro y moverte por el entorno con cuidado.

Porque parte de la belleza de Montañas Vacías es que todavía se siente salvaje.

Traer el hogar al paisaje

Para mí, los paisajes de Montañas Vacías despertaron recuerdos inesperados.
Creciendo en Ecuador, muchas veces comparaba estas montañas con el Páramo andino.
Ahora que vivo lejos, a menudo echo de menos esa conexión y a las personas con las que la compartía.

Aunque los paisajes sean completamente distintos, la sensación de espacio abierto y silencio inmenso tenía algo familiar.

No era una cuestión de similitud.
Era una cuestión de conexión.
De encontrar pequeños fragmentos de hogar en lugares desconocidos.iar places.

La vida y el tiempo

De muchas maneras, este viaje cambió la forma en la que entiendo la vida.

El bikepacking es simple: avanzas, te adaptas a lo que trae el día y aprendes a confiar en tus decisiones.

Me recordó que la vida funciona de una forma parecida. El camino se va desplegando poco a poco, y lo mejor que podemos hacer es vivirlo con calma, con presencia y de forma consciente.

Durante años admiré a mujeres que veía online haciendo viajes largos de bikepacking en lugares remotos. Me parecían fuertes, libres, independientes, increíbles.
Una parte de mí siempre se preguntaba si yo podría llegar a sentirme así.
En algún momento del viaje entendí algo sencillo: quizá ya lo era.

Volver al ruido

En los últimos días, el cuerpo empieza a sentirlo todo.

El viento.
Las subidas.
El cansancio acumulado.

Pero también otra cosa: esa tristeza silenciosa que aparece cuando te das cuenta de que el viaje está a punto de terminar.

El bikepacking crea un ritmo extraño.
Cada día tomas pequeñas decisiones, dónde dormir, cuánto avanzar, si seguir o parar antes.

La vida se vuelve simple.

Comida.
Refugio.
Movimiento.

Y esa simplicidad es sorprendentemente bonita.

Cuando volvimos hacia la civilización, el contraste fue inmediato.

Tráfico.
Ruido.
Caos.

Después de días compartiendo todo, el camino, el esfuerzo, el silencio, la ciudad resultó abrumadora.

Compartir el camino

En un momento del viaje recordé una frase de Into the Wild que llevaba años conmigo:

“La felicidad solo es real cuando se comparte.”

Mirando atrás, eso es lo que hizo especial Montañas Vacías.

No los paisajes.
No los kilómetros.
No el desnivel.

Sino la experiencia de compartir el viaje.

Estoy profundamente agradecida a Nacho.

Fue quien me introdujo en el mundo del bikepacking, quien me dio la bici con la que hice este viaje y quien no dejó de animarme a confiar en mí misma.

Más que nada, lo que hizo especial este viaje fue compartirlo con él.

Si alguien siente curiosidad por Montañas Vacías después de ver el film, mi único consejo sería este:

Ve con el corazón abierto.
Tómalo con calma.
Presta atención a los pequeños detalles.

Porque a veces los viajes más significativos no tienen que ver con la distancia, sino con aprender a experimentar el mundo de una forma más profunda.

Te quiero, marido.
Luisa. La marida.

Aquí puedes ver el video de la aventura de Luisa y Nacho:


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15 comentarios sobre «One Frame, two Journeys»

      1. Gracias a ti por leernos Salvador! Como se lo mencioné a Benjamín: a disfrutar más de esto que tanto nos gusta!

  1. Emotivo relato que deja claro que algo ha cambiado en tí. Estás experiencias son las que siempre están en la memoria.

  2. Gracias Luisa por este relato y por estas palabras tan alentadoras. Solo en las primeras lineas ya me he transportado a alguno de esos paisajes, esas sensaciones. Ojalá pronto allí.

  3. Se parece tanto a lo que yo siento cuando viajo y esta tan bonito escrito que a mi me ha emocionado. Ha sido como si alguien me leyera desde fuera.

    Gracias!!!!

    1. Que lindo saber que somos más los que compartimos esta muchosidad de emociones al viajar! Me alegra que te hayas sentido identificado 💛 gracias a ti.

  4. Montañas Vacías tiene un hechizo especial: te marca profundamente y despierta en ti el impulso de seguir pedaleando y explorando otros paisajes en busca de más montañas vacías.

  5. «Tu mundo se vuelve más pequeño, más esencial. Lo importante pasa a ser inmediato y físico: la siguiente subida, el tiempo, el agua, la comida, dónde vas a dormir esa noche.
    Y con esa simplicidad llega la atención.» wau!

    Como bien dice la canción «El valor no estaba en el camino, lo que cuenta no es el destino. Si me preguntas yo te diría: lo más importante era la compañía» (Iseo)

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